AMD cree que el crecimiento de la IA agéntica no va a quitar protagonismo a las GPU, sino a ampliar el pastel total del centro de datos. Durante la presentación de resultados, Lisa Su defendió que la nueva demanda de CPU ligada a orquestación de agentes de IA, movimiento de datos y ejecución paralela es una adición al mercado de aceleradores. Para la CEO de AMD, es una forma de responder a la idea de que el auge de agentes y flujos distribuidos podría restar valor a las GPU frente al procesador tradicional.
La tesis de Su es que los nuevos sistemas de IA no solo necesitan aceleradores para entrenar y servir modelos fundacionales, sino también muchas más CPU para coordinar tareas, gestionar recursos y actuar como nodos cabecera. Por eso AMD asegura estar viendo una demanda más fuerte a corto plazo y una conversación más profunda con clientes sobre capacidad a largo plazo. En otras palabras, la IA agéntica estaría haciendo que todo el bloque de cómputo del servidor gane peso, no solo la parte de GPU.
La relación CPU-GPU empieza a moverse
Uno de los puntos más interesantes de la intervención de Su fue precisamente el cambio de proporción entre CPU y GPU en despliegues de gran escala. La directiva explicó que, si antes el procesador actuaba sobre todo como host node en relaciones del tipo uno a cuatro o uno a ocho, ahora ese equilibrio se está acercando a configuraciones mucho más densas en CPU, incluso potencialmente de uno a uno si el número de agentes y subtareas sigue creciendo.
AMD también elevó su previsión para el mercado de CPU de servidor, que ahora estima creciendo al 35 % anual hasta alcanzar los 120.000 millones de dólares en 2030, muy por encima de su proyección anterior del 18 %. El mensaje, evidentemente, no es neutral: AMD quiere convencer al mercado de que el auge de la IA no beneficia solo a los vendedores de GPU, sino también a quienes controlen una parte fuerte del procesador en la nube y centros de datos.
Eso sí, Su no niega la importancia de los aceleradores. Al contrario, su argumento necesita que las GPU sigan siendo esenciales para que la demanda adicional de CPU se interprete como un complemento, no como una sustitución. El giro está en que, a medida que los agentes proliferan, la conversación sobre despliegue ya no se limita al número de GPU, sino que pasa a incluir mucha más discusión sobre CPU desde el inicio.
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Teniendo esto en cuenta, es evidente que la IA agéntica no estaría canibalizando el mercado de aceleradores, sino obligando a rediseñar el equilibrio del centro de datos. Y en ese rediseño, la CPU vuelve a ganar centralidad como pieza crítica del despliegue.